
La campaña presidencial arrancó el 16 de agosto bajo la sombra de la polarización que marcó la contienda de 2022, con Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro como los claros protagonistas de una lucha que define el futuro democrático y económico de Brasil.
En su primer acto oficial, Lula se dirigió a una multitud de 45 000 personas en la Plaza de los Tres Poderes, Río de Janeiro, reiterando su compromiso de “consolidar la gran coalición democrática” que lo llevó al poder en 2023 y 2027, y prometiendo profundizar la reforma tributaria y la protección del Amazonas.
Flávio Bolsonaro, ahora al frente del Partido Liberal (PL), tomó el micrófono en la sede del partido en São Paulo, donde anunció una agenda centrada en la seguridad pública y la reducción de impuestos, posicionándose como heredero del “bolsonarismo” que, según él, aún cuenta con un 38 % de apoyo según la encuesta Datafolha de julio.
Los últimos sondeos de Ibope, publicados el 12 de agosto, muestran a Lula con un 44 % de intención de voto frente al 36 % de Flávio, mientras que el 12 % se declara indeciso y el 8 % opta por candidatos de tercera fuerza, como el ex‑gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema.
En el ámbito económico, la inflación anual se sitúa en 4,2 % según el Banco Central, y el desempleo ha descendido al 7,8 % en junio, cifras que Lula pretende usar como evidencia de la recuperación, mientras que Bolsonaro critica la política de precios y la “carga fiscal” que, según él, ahoga a las pequeñas empresas.
La defensa del medio ambiente vuelve al centro del debate: el Ministerio de Medio Ambiente anunció el 14 de agosto la creación de una zona protegida de 1,2 millones de hectáreas en la cuenca del Amazonas, una medida que Lula presenta como un legado, mientras que el equipo de Bolsonaro cuestiona su viabilidad económica.
Los candidatos también han intensificado su presencia en los estados clave: en el noreste, Lula ha visitado Salvador y Recife, buscando afianzar el apoyo de los votantes afrodescendientes; en el sur, Flávio ha realizado giras en Porto Alegre y Curitiba, apelando a la clase media conservadora.
Los debates televisados, programados para el 5 y 12 de septiembre en la Rede Globo, se esperan como el punto de inflexión de la campaña, con la posibilidad de que los temas de seguridad y la gestión de la deuda pública, que supera los 1,5 billones de dólares, dominen la agenda pública.
De acuerdo con información difundida por: C5N

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