Bacterias aliadas: científicos de la FAUBA y el Conicet frenan hongos en cultivos

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Bacterias aliadas: científicos de la FAUBA y el Conicet frenan hongos en cultivos

Investigadores argentinos aislaron por primera vez a nivel mundial una bacteria del suelo capaz de degradar el ácido fusárico, una toxina letal liberada por hongos que generan pérdidas millonarias en el agro.

Un avance biotecnológico contra el impacto de Fusarium

Un equipo interdisciplinario perteneciente a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) y al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) concretó un desarrollo inédito para la sanidad vegetal. Tras años de estudios orientados a la microbiología de suelos, los especialistas lograron aislar una cepa bacteriana capaz de neutralizar de forma biológica una de las amenazas más agresivas para la producción agrícola intensiva y extensiva.

El foco del descubrimiento se centró en el género fúngico Fusarium, responsable de patologías severas que diezman lotes enteros de cereales, oleaginosas y hortalizas en distintas regiones productivas del país. Dentro de este grupo, la especie Fusarium oxysporum destaca por su alto nivel de virulencia y su capacidad de permanencia en las matrices terrestres, lo que dificulta el éxito de las campañas de rotación de suelos.

El mecanismo de daño de estos microorganismos no solo se vincula a la invasión física de los tejidos vasculares de la planta, sino fundamentalmente a la secreción de metabolitos secundarios tóxicos. Entre ellos, el ácido fusárico opera como el principal agente fitopatógeno, ya que bloquea los mecanismos defensivos naturales del vegetal, provoca marchitez generalizada y acelera la necrosis de los tejidos en estadios críticos del desarrollo.

Eficacia comprobada en semillas y bajo impacto ambiental

Hasta la actualidad, el control de estas enfermedades fúngicas dependía casi de manera exclusiva de la aplicación sistemática de agroquímicos de síntesis química. Estos métodos tradicionales no solo demostraron una eficiencia operativa dispar frente a la resistencia adquirida por los patógenos, sino que además generan cuestionamientos crecientes debido a su huella ecológica y a la acumulación de residuos en las napas de agua.

Frente a este escenario de obsolescencia tecnológica, las investigadoras de la FAUBA y el Conicet volcaron sus esfuerzos en identificar antagonistas naturales presentes en el propio microbioma del suelo. El trabajo derivó en la identificación de ejemplares del género Burkholderia, una familia de bacterias que demostró poseer las rutas metabólicas necesarias para metabolizar y degradar la estructura química del ácido fusárico.

El avance superó la etapa de laboratorio al comprobarse su eficacia práctica en ensayos controlados con semillas de cebada. "Ya logramos describir algunos de los genes y enzimas involucrados en la degradación y pudimos revertir los efectos tóxicos en las semillas", señalaron desde el equipo científico, validando la hipótesis de que el tratamiento biológico preserva la viabilidad germinativa sin alterar la estructura fisiológica del grano.

Proyección económica y sustentabilidad para las cadenas productivas

La consolidación de esta alternativa biológica abre un abanico de oportunidades comerciales y estratégicas para el sistema agroindustrial argentino. La posibilidad de formular bioinsumos basados en bacterias nativas capaces de desintoxicar los suelos representa un cambio de paradigma en el manejo integrado de plagas y enfermedades, alineándose con las exigencias de los mercados internacionales en materia de trazabilidad y reducción de insumos químicos.

Las pérdidas económicas asociadas al complejo de enfermedades provocadas por Fusarium ascienden a cifras millonarias cada temporada, afectando tanto el rendimiento físico por hectárea como la calidad comercial de los granos destinados a la exportación o al procesamiento industrial. La introducción de tratamientos preventivos y curativos de base enzimática y bacteriana promete mitigar esa vulnerabilidad financiera, otorgando previsibilidad a los productores frente a años climáticamente adversos.

Asimismo, el descubrimiento consolide el rol de la ciencia pública argentina en la generación de propiedad intelectual aplicable a la bioeconomía global. Las etapas sucesivas del proyecto contemplan la escalabilidad industrial de los cultivos bacterianos y la formulación de biofármacos agrícolas aptos para su comercialización masiva en el corto plazo.



De acuerdo con información difundida por: La Capital

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