Los comercios multiplican los descuentos en efectivo de hasta un 35% ante la caída de las ventas

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El cobro billete en mano gana terreno en los locales minoristas para evitar las comisiones bancarias y aliviar el ahogo financiero de las pymes.

Los comercios de cercanía y las principales cadenas minoristas multiplicaron en las últimas semanas los descuentos por pago en efectivo, con rebajas que parten del 20% y alcanzan hasta un 35% sobre el precio de lista. La profundización del fenómeno refleja la necesidad imperiosa de los comerciantes de generar liquidez inmediata ante el estancamiento del consumo y el encarecimiento del financiamiento.

La brecha entre el precio abonado con tarjeta de débito o medios digitales y el valor en dinero físico dejó de ser una promoción aislada para transformarse en una regla comercial generalizada en diversos rubros. Indumentaria, calzado, gastronomía y artículos para el hogar lideran la tendencia de bonificaciones agresivas para captar a un consumidor con ingresos reales fuertemente erosionados.

Detrás de esta estrategia conviven dos razones estructurales para el sector pyme: la pesada carga financiera que representan las aranceles y retenciones de los medios de pago electrónicos, y la búsqueda de refugio en la informalidad fiscal como mecanismo de supervivencia operativa para afrontar costos fijos en alza.

La carga financiera de los medios de pago y el costo del dinero inmediato

El costo de mantenimiento de las terminales de cobro y los plazos de acreditación de las ventas digitales se convirtieron en un punto de fricción central para los comerciantes independientes. A pesar de la regulación de las tasas de intercambio, las retenciones impositivas previas —como las percepciones de IVA, Ganancias e Ingresos Brutos provinciales— reducen de forma sustancial el margen de ganancia neto en cada transacción electrónica.

A este esquema se le suma el costo del adelanto de saldos en las plataformas de cobro virtual. Para disponer del dinero en el acto y poder reponer mercadería, el comerciante debe asumir tasas de descuento adicionales que deterioran la rentabilidad final del producto comercializado.

"El costo de operar con tarjetas de crédito o billeteras virtuales dejó de ser sustentable para el pequeño comercio que trabaja con márgenes finos. Preferimos trasladarle un descuento directo al cliente que termine pagando en efectivo antes que transferirle ese margen al sistema financiero o esperar semanas para cobrar", explicó el titular de una cámara de comerciantes minoristas.

La informalidad como mecanismo de defensa ante la caída de las ventas

La contracción del poder adquisitivo de los hogares obligó a las familias a reorganizar sus hábitos de gasto cotidianos, priorizando los alimentos de primera necesidad y postergando consumos prescindibles. Ante la caída del volumen de unidades vendidas, el canal minorista utiliza la liquidez del billete para cubrir compromisos de corto plazo, como el pago a proveedores mayoristas, alquileres comerciales y servicios públicos.

En este escenario, el circuito informal vuelve a consolidarse como un amortiguador frente a la presión tributaria. La posibilidad de facturar por debajo del volumen real de operaciones permite a muchos locales mantenerse dentro de los límites de las categorías simplificadas o reducir el impacto de las alícuotas municipales y provinciales.

Especialistas del sector tributario coinciden en que la proliferación de dos listas de precios —una para dinero en efectivo y otra más elevada para transacciones con tarjeta— expone las distorsiones de un sistema impositivo que desincentiva la formalización. Mientras el Estado busca promover la bancarización de la economía, la realidad del mostrador impone la urgencia de la caja diaria.

El impacto en las estrategias de consumo y el dilema del crédito

Para los consumidores, las rebajas del 30% o 35% en efectivo representan la única alternativa viable para hacer rendir el presupuesto mensual. Sin embargo, la efectividad del incentivo choca con la escasez de billetes en circulación en los bolsillos de las familias, que dependen cada vez más de la financiación con tarjeta de crédito en cuotas para diferir sus consumos.

El uso del plástico se ve condicionado por el costo financiero total (CFT) que aplican las entidades bancarias en los planes de financiamiento largos. Con tasas de interés que encarecen el precio final, la brecha entre comprar en cuotas o acceder al descuento en efectivo llega a superar el 50% de diferencia sobre el valor real del producto.

Las proyecciones de las consultoras económicas indican que las promociones por pago al contado continuarán extendiéndose durante el segundo semestre. La consolidación de esta práctica comercial dependerá de la evolución de las ventas minoristas, la estabilidad de los costos financieros de las pasarelas de pago y la capacidad de compra de un mercado interno que opera al límite de sus posibilidades.



De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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