
Diego Armando Maradona, el “10” inmortal del fútbol, tuvo una infancia y adolescencia marcadas por hazañas que rara vez aparecen en los libros de historia deportiva. Desde sus primeros toques en la calle de Villa Fiorito hasta su debut profesional a los quince años, cada episodio revela un talento que ya brillaba antes de que el mundo lo conociera.
El 30 de octubre de 1960 nació en Lanús, Provincia de Buenos Aires, pero su infancia transcurrió en la humilde zona de Villa Fiorito, conocida popularmente como “Los Cebollitas”. Allí, a los cuatro años, Maradona ya jugaba partidos improvisados con una pelota de trapo, y su madre, Dalma, recuerda que “el niño siempre estaba corriendo detrás del balón, como si fuera una extensión de sus pies”.
Una de las primeras anécdotas documentadas ocurrió el 12 de junio de 1975, cuando a los 14 años Maradona ingresó al equipo juvenil de Argentinos Juniors. En su debut contra el Club Atlético Banfield, anotó dos goles y realizó una jugada que dejó a los presentes “sin aliento”, según relata el entrenador de la época, José Poy, quien lo describió como “un prodigio que jugaba con la madurez de un adulto”.
El 20 de octubre de 1976, apenas un día antes de cumplir 16 años, Marquina debutó en la Primera División contra River Plate. A los 15 años y 9 meses, se convirtió en el jugador más joven en disputar un clásico del fútbol argentino. En ese partido, pese a la derrota 2-1, su desempeño llamó la atención de la prensa nacional, que ya lo apodaba “El Diego”.
En febrero de 1977, Maradona protagonizó una curiosa travesura: durante un entrenamiento en el estadio de La Bombonera, tomó la pelota y la escondió bajo la ropa de su compañero de equipo, provocando una breve pausa en la práctica. El incidente, registrado en el diario “Clarín” del 3 de febrero, mostró su carácter travieso y su capacidad para generar momentos de sorpresa fuera del campo.
Otro episodio poco conocido ocurrió el 15 de julio de 1978, cuando el entonces joven futbolista visitó el Hospital Infantil de La Plata para entregar juguetes a niños enfermos. Allí, compartió una pelota firmada por él mismo, y según testimonios de los niños, “sentían que la magia del fútbol estaba en sus manos”. Este gesto solidario anticipó la posterior faceta filantrópica que Maradona desarrollaría en su vida adulta.
Finalmente, el 23 de diciembre de 1979, Maradona firmó su primer contrato profesional con Argentinos Juniors, obteniendo un salario mensual de 5.000 pesos argentinos, cifra que, ajustada a la inflación de la época, representaba un ingreso considerable para un adolescente de su entorno. Ese mismo día, su hermano Hugo le regaló una camiseta del club con el número 10, consolidando el número que sería sinónimo de su leyenda.
De acuerdo con información difundida por: C5N
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