Blanco de la represión: por qué los estudiantes representaron más del 20% de los desaparecidos en la dictadura

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En el cincuentenario de La Noche de los Lápices, la cifra de estudiantes desaparecidos supera el veinte por ciento del total de víctimas de la dictadura, revelando la magnitud de un blanco que apuntó a la juventud como garante de cambio político.

El 16 de septiembre de 2024 se recuerda el operativo de 1976 en La Plata, cuando fuerzas de seguridad bajo el mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz secuestraron a un grupo de estudiantes secundarios que protestaban por la devolución de la ciudad de La Plata al control civil. Ese hecho, conocido como La Noche de los Lápices, se convirtió en un símbolo del terrorismo de Estado contra la juventud argentina.

El plan, ejecutado por la Sección de Inteligencia de la Policía Federal y el Batallón de Inteligencia de la Armada, utilizó técnicas de secuestro, tortura y desaparición forzada. Los jóvenes, en su mayoría de entre 16 y 18 años, fueron detenidos en la madrugada del 16 de septiembre y nunca más se supo de ellos, pese a los esfuerzos de sus familias y organizaciones de derechos humanos.

El informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) contabilizó cerca de 30 000 desapariciones entre 1976 y 1983. De ese total, 6 500 casos correspondieron a estudiantes de nivel secundario y universitario, lo que eleva su participación al 21,7 % del total de víctimas. Esta proporción supera la de cualquier otro sector social, evidenciando un objetivo deliberado.

Varias razones explican por qué los estudiantes fueron tan vulnerables: su organización en centros de estudio facilitaba la movilización; los movimientos estudiantiles habían adoptado una postura crítica frente al golpe de 1976; y el régimen percibía la formación de jóvenes como una amenaza a largo plazo para la estabilidad del nuevo orden. Además, la represión de la cultura universitaria buscaba eliminar futuros líderes políticos.

El legado de la Noche de los Lápices ha impulsado procesos judiciales que, tras décadas de impunidad, culminaron en la condena de Camps y Etchecolatz por delitos de lesa humanidad. La memoria de los desaparecidos sigue alimentando campañas de educación cívica y la creación de espacios como el Parque de la Memoria en Buenos Aires, que recuerdan la magnitud del ataque contra la juventud.




De acuerdo con información difundida por: C5N

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